Sunday, 20 September 2009

El artesano me miró y me explicó que la arcilla era modelable. Me invitó a su torno a que modelara lo que quisiera. Me gustó la idea de hacer una vasija chiquita. Puse mis manos en la greda y de a poco sentí que podía crear. Él me dejó sola frente a mi vasija.
La vasija no quedó perfecta, de hecho tenía varias pifias. Pensé en qué iba a colocar dentro de ella una vez que se secara. Y sólo sentía que no había nada que poner dentro. Por el momento eso me hizo sentido. Me preguntó si la quería pintar. Y la verdad es que preferí dejarla tan cual quedó. Sin adornos. Tal como yo, sin adornos.
Llegué a casa y la coloqué sobre mi mesa. Y me di cuenta que algún día se la iba a regalar a alguien. No sabía a quien, no cómo, ni donde. Sólo que era una producción especial para alguien especial.
Me quedé quietecita mirándola hasta que llegó la hora de las sombras largas, me paré, prendí un palito de canela y canté al universo una linda oración...

Si pudiera retroceder el tiempo hubiese preferido hacer una vasija más grande y luminosa. Pero ya no fue así...

Mi sol

Había un sol inmenso. Yo tenía los ojos bien abiertos.
El sauce de la derecha me recordó que en ciertos momentos era lindo mirar al suelo y quedarse detenida por un momento. Y me detuve. Dejé que todo tomara su curso natural. Cerré los ojos y luego los abrí más grandes que antes. Sólo así se puede llegar a la verdad de las cosas...con los ojos bien abiertos en un bosque con un sol inmenso.

Friday, 18 September 2009

Espiral

Una vez me fui al valle y conocí a un grupo de jóvenes músicos. Todos eran muy lindas personas. Llenas de luz. Tenían una fuerte creencia en un Dios superior. Y mientras caminaba por la calle me llamaron para que los acompañara.
Me invitaron a almorzar a una choza de greda, bien rústica. Comí a pies descalzos, mientras todos cantaban mantras. Después nos fuimos a la casa de uno de ellos, que quedaba literalmente en la punta del cerro. Una hora caminé para llegar a ese lugar. Y era un templo hermoso. Todo lleno de velitas, inciensos varios, y la infaltable guitarra. Hicieron una oración de bienvenida, agradecimos el momento, y en eso empezaron a sonar los tambores. Era todo muy de piel, muy de instinto, sonrisas puras y genuinas, alabanzas magistrales. Y empezó a oscurecer. En eso me doy vuelta y veo a la luna más grande que he visto en la vida, en ese cielo azul profundo. Y entre las guitarras, las velas, el fuego y los tambores me di cuenta del sentido que tenía la vida para mi. Quise que ese momento no pasara, se detuviera y pudiera vivirlo eternamente. Así que me puse a bailar para sentirme más conectada aún. En eso, se me acerca uno de los tipos y me dijo que tenía un alma linda. Que no me desperdiciara lo que era la verdadera vida. Que me sacara todas las máscaras. Que no parara de vivir. Que la luna me estaba entregando una luz única. Que nunca dejara de expresar mi gran amor por las personas. Que por favor no parara de entregar mi sonrisa hermosa al mundo. Que el dolor era inevitable, pero que es transitorio, a menos que uno lo haga una constante en la vida.

En un día como hoy me doy cuenta que las personas, en general, son tan mundanas. Preocupadas de tonteras, viendo el vaso medio vacío, recibiendo del mundo lo mismo que ellas generan: odio, poca tolerancia, distancia, rencor, hipocrecía, temor.

Si pudiera detener ese momento de luz en el valle y "cortar" ese instante, les daría un pedazito de ese brillo para que lograran conocer lo que se siente.

Voy por un té ...

Friday, 14 August 2009

Atajos

Cuando era niña no me gustaban los atajos. Podía correr libremente, saltar, cantar y encantar con mi dinamismo. A los 10 años aprendí que los atajos ayudan a cuidarse de otros. Y solo en algunos momentos era capaz de vivir todo el camino.
Todavía recuerdo que, una vez en mi valle querido, un hombre viejo se me acercó y me dijo que la vida era curva porque así era más entretenida. Y que los viajes rectos eran fomes. En ese momento no entendí lo que me dijo porque supuse que se trataba de un viejo drogado con honguitos alucinógenos. Ese relato había perdido su valor.

En un día como hoy, mientras caminaba por un sendero con piedras, miré al suelo y vi una piedra de curvas perfectas. Paré y recordé al viejito.

Lo más importante de esto: se acabaron los atajos hasta nuevo aviso.

Tuesday, 11 August 2009

Mi sed

Estoy sentada en el sillón cama de mi depto y espero que llegue gente para trabajar. Tengo los pies encima de la mesa que adoro, mesa rústica (obviamente), que viajó muchos kilómetros para recordarme que vengo de lo natural y no de las grandes ciudades. Veo el ramo de flores secas que me regaló mi hermano del medio cuando me titulé de terapeuta. Después de todo lo pasado, ha sido uno de los más lindos regalos de mi vida. Las flores están en ese florero que no es florero, y que compré en el Persa de Stgo junto a mis amigos. Las velas infaltables encima de la mesita. El pote con piedras en agua me hace pensar que a veces sería lindo ser una de esas piedras y estar así de tranquila. No podría dejar de lado al hermoso "apaga velas" (no tengo idea como se llama, pero es una de esas campanitas de acero que apagan velas) que me regaló Carmen con tanto cariño. Cierro los ojos y siento el olor a eucaliptus que adoro porque me hace pensar que estoy en un bosque. Miro hacia la izquierda y está el infaltable cojín peludo que metí a la lavadora hace años y quedó como oveja. Miro la mesa del comedor y veo la linda lamparita verde que me regalaron unos niños de una población pobre a los que ayudé en la elaboración del duelo por la muerte de sus amigos. Veo mi hermoso atrapasueños de Ecuador colgando desde el mueble. Miro su encanto y me acuerdo del amigo artesano que me lo hizo con tanta protección. También están los muñecos chilotes; un hombre y una mujer bien afiatados. He llegado a admirar a esa parejita. Alcanzo a ver mi refrigerador con todos los dibujos y monitos encima. Miro por el ventanal y veo a una pareja abrazada en el balcón.

Parece que no quiero que esto se acabe. No por ahora.

Y de fondo, el incansable Silvio que me canta una y otra vez que al final de este viaje en la vida quedarán nuestros cuerpos hinchados de ir a la muerte, al odio, al borde del mar...

Parece que no es tiempo de ir aún.

Sunday, 9 August 2009

Grito

Recuerdo la primera noche que escuché ese grito. Llegó a mi cabeza, cruzó por mi estómago y terminó alojado en mi corazón. Nunca había sentido cómo las paredes del corazón pueden abrirse y cerrarse, revolcarse, mutar y saltar. Ese grito no se me ha borrado de mi mente. Si yo hubiese sabido que eso iba a pasar, hubiese preferido borrar esa escena. Mientras manejaba en el auto y tocaba el rojo sentía ese grito. Mientras atendía a las familias el grito me interfería. Mientras dormía despertaba saltando de terror. ¿Cómo borrar un grito así?
¿Cómo sacarle la intensidad?
¿Cómo sacarle esas palabras?

Pasé mucho tiempo llenando mi tina y sumergiéndome en el agua para olvidar ese grito. Me pasa que el agua bien caliente es como un útero para mi. Y sólo quería estar ahí, quietecita mirando las baldosas de al frente. Y mientras trataba de tener la mente quieta, las lágrimas eran inevitables. Pocas lágrimas, pero largas.

Ese grito pasó hace tiempo. No me había acordado de él.
Pero un día domingo como hoy, después de haber vivido tantos lindos momentos con gente que adoro, después de haber entendido que el amor a uno mismo es algo hermoso de cultivar, después de estar tirada en mi cama sabiendo que llegó la soledad, me acordé de ese grito.

Prometo no volver a vivir algo así.
Prometo dar gracias cada día por haberme salido de ese lío y por preferir la paz ante el terror.

Friday, 27 March 2009

Machu Picchu

Hasta que te vi… Tenías los brazos abiertos y los ojos bien cerrados, el pelo desordenado y no parabas de reír. ¿Qué te causa tanta risa? “Tus manos que me están apretando a la vida y eso es lo que andaba buscando”. No entendí lo que querías decir. ¿Apretando a la vida? “Si, le das forma a mis días”. ¿Forma a tus días? “Si, tal cual cuando fuimos a Machu Picchu y caminamos alrededor de esas rocas, te acuerdas? “Si. “¿Y te fijaste que al este estaba el sol mirándonos fijamente?”. No, la verdad no me fijé. “Si, y justo el reflejo del sol te llegó a tu pelo y nunca antes te había visto tan hermosa. Hermosa al sol”. ¿Hermosa al sol? “Si, hermosa al sol, a la luna, a Martes, a Venus”. Pero no entiendo lo que me dices. “Por favor, mírate”. ¿Qué me mire? ¿Qué voy a mirar? “Yo partiría por tu sonrisa y tus labios rosados, esos que me dijeron que me querías”. ¿Qué te quería? Nunca te dije eso. “Yo sé que si me quieres” . (silencio). La verdad es que no sé qué decirte. “Eso es porque te da miedo mirarme a los ojos”. No me da miedo mirarte a los ojos. “Si me miras a los ojos ves un infinito mundo de posibilidades, visiones futuras, sueños que te gustaría realizar y formar un nosotros”. ¿Un nosotros? “Un gran nosotros. ¿Por qué no aceptas mi cariño?”. Porque me parece inmenso y no sé donde ponerlo. Quizás en mi vientre, quizás en mis manos, quizás en mis labios, quizás no cabe. “¿Y qué pasaría si mi cariño te rebalsara?”. Supongo que saldría corriendo porque no sabría cómo manejarlo. “¿Y si yo te atajo en el camino?”. Si estás seguro de tu cariño, hazlo, porque yo sola no puedo.

En algún momento el mundo era sólo polvo, hasta que se fueron conformando los planetas, los lagos, las montañas, los caminos. Y también se formaron las estrellas. Y quizás dentro de esas estrellas puede que encuentres alguna que te acompañe y sepa lo que vales. Y ese valor te hará brillar como nunca antes. Quizás sólo quieras ser polvo, pero es preferible esperar que esa estrella luminosa, esa compañía llegue y sola se acerque para darte luz y calor. No es necesario centrarse en lo demás. No importan los planetas, los lagos, las montañas y los caminos. Y cuando llegue ese momento podrás decir que has encontrado lo que siempre has esperado. Y esa estrella hará todo lo que esté a su alcance y te dejarás querer, amar. Por mientras pequeña, duerme y espera el momento indicado. Quizás no es este, quizás vaya a ser más adelante. Y quizás si te sientas en la noche a mirar las estrellas te des cuenta que habrá alguna que te guiñe el ojo y sabrás que está preparada para ti.